Entradas populares

domingo, 6 de julio de 2014

REALIDAD DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR LATINOAMERICANA VISTA COMO CIUDADANO DE COLOMBIA

     Entender e interpretar la situación actual de la educación superior o el concepto de universidad implica un ejercicio de reflexión que permita apoyarse en las tendencias actuales para proyectar el desarrollo del futuro, observar los cambios extremadamente fluctuantes del mundo y por ende las culturas.

     El desarrollo de toda universidad es normalmente una síntesis de fenómenos internos y externos. Dicha síntesis se expresa en aspectos tales como el currículo, la formación docente, la investigación, la extensión, el bienestar y el desarrollo administrativo y financiero.

     En lo interno el estado actual de la institución es el resultado de la tradición de trabajo académico y administrativo que se ha venido desarrollando y que normalmente se caracteriza por la ausencia de políticas explícitas que casi siempre son reemplazadas por directrices de trabajo que surgen de las labores cotidianas y las necesidades del momento, es decir que responden a las tendencias de la actualidad.

     Por otra parte consideramos que  toda institución educativa es indirectamente influenciada por los cambios económicos, políticos y sociales que ha sufrido el país en las últimas décadas. En este sentido toda institución educativa debe estar al tanto de las tendencias no solo del mercado, sino del desarrollo e innovaciones del conocimiento, a la transformación de la sociedad, a las incidencias de un mundo globalizado que plantea nuevos retos y amenazas pero que a la vez presenta enormes y significativas oportunidades.

     El campo de formación de docentes es un aspecto que se ha tenido abandonado en las universidades latinas. Lo poco que se ha realizado en este terreno no pasa de ser un conjunto de eventos aislados sin ningún nexo con los avances pedagógicos recientes. En general puede afirmarse que nuestros docentes carecen de formación pedagógica en el desarrollo de su desempeño, lo cual afecta la calidad de los procesos de enseñanza – aprendizaje y las relaciones docente – estudiante – conocimiento.

     Otro aspecto que ha sido aplazado en el desarrollo de las instituciones ha sido la investigación. Dicha actividad tradicionalmente se ha reducido a los trabajos de grado de los estudiantes, trabajos que quedan supeditados solo a eso, a ser trabajos de grado cuyo impacto social es poco o nulo, ya que se desarrollan como requisito más no como solución a situaciones o problemáticas; cuestión tal que si se llevara a cabo constituiría un gran semillero de acciones sociales, ideas de negocio y similares bastante significativo y traería consigo un mejor desarrollo del entorno en el cual impacta.

     Las instituciones de educación superior apenas empiezan a incursionar en proyectos institucionales e interinstitucionales que requieren de la vinculación de docentes a la actividad investigativa y de la asignación de recursos tecnológicos y financieros a la investigación. En esa perspectiva muchas universidades han decidido crear nuevas estructuras de investigación con el fin de fortalecer dicha actividad y responder a las demandas que hace la sociedad en ese sentido.

     La proyección social es otro aspecto clave en el desarrollo de una institución de educación superior, esta función no ha sido ni muy amplia ni muy explícita  en nuestra sociedad y en muchos casos se asocia con las prácticas de los estudiantes en las cuales prima más el interés académico descontextualizado de las demandas sociales de la comunidad, son casos aislados en los cuales pudiéramos evidenciar el impacto social de los programas universitarios en las comunidades. En cuanto tiene que ver con el bienestar universitario éste tradicionalmente se ha centrado en acciones relacionadas con estudiantes. En este sentido se requieren nuevas concepciones que se traduzcan en actividades con mayor trascendencia e impacto sobre la comunidad universitaria, que apoyan la conformación y el fortalecimiento de una comunidad académica a partir de la prestación de servicios para todos los estamentos de la institución que respondan a las expectativas de proyectos de vida con soluciones concretas.

     Los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que han experimentado los países de América Latina constituyen verdaderos retos para la educación superior y plantean cambios sustanciales acerca de sus funciones tradicionales de cara al desarrollo de la región.
    
     En todos los países de América Latina, dado que los gobiernos han acumulado un creciente déficit fiscal, la inversión pública ha venido disminuyendo en educación, de hecho se estima que la proporción de la inversión por estudiante cada año es muy baja más aún si se estableciera un comparativo con otras culturas, países o sociedades.

     Frente a estos hechos la universidad latinoamericana, con sus matices y diferencias culturales trata de responder a las demandas que provienen del gobierno, de la industria y de la empresa con un proceso descontrolado de masificación de población y de diversificación de servicios. Adicionalmente la universidad trata de reubicarse en el mundo de la globalización buscando asumir un papel cada vez  más significativo para el desarrollo de la región, haciéndose más competitiva.

     En Colombia el Estado ha fomentado la creación de instituciones privadas y ha presionado a la universidad pública para que busque nuevas fuentes de ingresos y aumente la cobertura con lo cual se ha desencadenado una avalancha de programas de bajo costo y dudosa calidad.

     El problema de la calidad gira en torno a una serie de factores, tales como el descrédito de las prácticas pedagógicas, la poca investigación, la proliferación de instituciones llamadas de absorción de demanda que se conocen como universidades de garaje, que se consideran fábricas de títulos a bajo costo, con fines de lucro, de propiedad cerrada y carreras de alta demanda.

     Así mismo, otros fenómenos tienden a empeorar la situación, tales como el reducido número de posgrados y los altos costos de estos, y el descontento de las empresas con la formación de profesionales que acuden al mercado laboral. Otro problema de gran importancia en América Latina tiene que ver con la relación de la universidad con la sociedad y con el sistema productivo. El desarrollo industrial de América Latina se ha apoyado principalmente en la adquisición y transferencia de tecnología extranjera. Adicionalmente los países de América Latina no han adoptado políticas claras en materia de desarrollo científico y tecnológico en las cuales las universidades puedan asumir un papel protagónico.
     A nivel de educación superior surgen nuevas demandas por parte del Estado y del sector productivo en los campos de la ingeniería, la economía, la administración y la contaduría, estableciéndose diferencias con los años 50 donde la mayor parte de los estudiantes aspiraban a escuelas o facultades de medicina, derecho, es decir, profesiones eminentemente tradicionales.

     El proceso de modernización en Colombia ha estado marcado por su carácter aleatorio y desigual permeado por un alto índice de violencia y en un marco de diversidad cultural y enfrentando una topografía agreste y traicionera y un clima inestable y adverso.


     En parte debido a las anteriores circunstancias se puede concluir que la educación superior en Colombia se ha configurado vertiginosamente como un mosaico en cuanto a su ubicación, tamaño, organización, composición social, modalidades, jornadas, carreras y programas.

TENDENCIAS DE LA EDUCACION SUPERIOR

La educación superior como bien de la sociedad, transformadora de la realidad, preservadora de la ética y los valores, inspiradora de la búsqueda del bien común, de la convivencia y del desarrollo sostenible, se ve avocada a entender y aceptar los retos que plantea la constante transformación del mundo como un compromiso ineludible para permanecer con calidad y pertinencia en el futuro; dicho compromiso sugiere la adopción de una política  que asegure  la calidad y pertinencia.
     El concepto de calidad de la enseñanza debería comprender las actividades y funciones básicas de: enseñanza, aprendizaje, programas académicos, investigación, los estudiantes, la infraestructura-equipamientos y proyección a la comunidad, la cual genera a su vez actividades operacionales: evaluación de la calidad, la formación  previa de estudiantes, capacitación docente, renovación del currículo, estrategias pedagógicas, la gestión de recursos y el uso creativo de las TIC.
     Así mismo la calidad debe tener en cuenta la capacitación constante del docente e investigador que demanda reconocimiento social, financiero y la dotación de los medios para realizar su función. La calidad de los planes de estudio exige colocar especial atención a la definición de los objetivos de formación teniendo en cuenta el mundo laboral y las necesidades de la sociedad, la revisión y adecuación de los métodos de enseñanza, contemplar las posibilidades  que brindan las TIC, así como la  gestión de la participación en redes académicas y científicas regionales, nacionales e internacionales.
     El fomento a la interacción en redes del conocimiento y la gestión de la cooperación internacional garantizan suplir el déficit de acceso a la información y facilitan la comunicación e intercambio cultural entre los pueblos, aspectos importantes para el desarrollo de la educación superior que le permiten ayudar a reducir la brecha entre los países desarrollados y aquellos en vía de desarrollo.
     La educación superior de calidad debe propender por la pertinencia social para poder aportar realmente a la solución de los problemas y necesidades de la sociedad; la formación de la juventud con grandes valores éticos, críticos y reflexivos que no solo llenen las necesidades del mercado, sino que propongan con creatividad y carácter ético alternativas de solución a los conflictos de inequidad social de su país.
     Las Instituciones de educación superior deben promover las transformaciones que demanda la sociedad de índole económico, cultural, político o social, trabajando con creatividad y transparencia, colocando a sus estudiantes como centro de su quehacer, despertando en ellos el pensamiento crítico y el deseo de contribuir a la transformación de su realidad.
     No menos importante es mencionar que las universidades deberán desarrollar la investigación creativa no epistemológica, ni supeditada a los condicionamientos de corporaciones que le inyecten capital, las cuales coartan la libertad y limitan los beneficios de la misma a sus intereses particulares,  proyectándose a la comunidad, interviniendo en el mundo del trabajo, la producción y el estado.

EL MODELO DE EDUCACIÓN VIRTUAL.
     Se ha asumido siempre que la mejor forma de educarse es recibiendo la formación presencial, sin embargo,  la era de la telemática en la que vivimos conduce a la educación a una serie de transformaciones en las modalidades de enseñanza.
     Si bien se considera la formación presencial como la única que motiva y refuerza el interés del alumno hacia la actividad de aprendizaje, por la cantidad de refuerzo que ofrece el contexto en el que se desarrolla,  actualmente dicha consideración se refuta a través de las nuevas e infinitas posibilidades que se abren al adoptar el modelo de educación virtual que exige la adecuación y adaptación de los procesos educativos hacia el uso de las nuevas tecnologías.
     La tecnología aplicada a la educación facilita la formación permanente del profesional actualizado y listo para tiempos de cambio, y el abanico de posibilidades en modalidades formativas que abren pueden utilizarse tanto en ambientes de educación presencial, a distancia o virtual.
      Ahora bien si la tecnología se utiliza en estos tiempos más que nunca en la mayoría de los ambientes educativos, inclusive en el presencial, es un desafío dejar de hacer lo mismo con lo nuevo; esto conlleva a considerar superar los modelos de educación transmisionistas y convencionales, por aquellos que desarrollen la creatividad, el saber qué hacer con la amplia información a la que tiene acceso, y el saber aplicarla en su campo de acción con ética y eficiencia.
     El dilema entonces es de carácter pedagógico y didáctico, los beneficios del manejo de las TIC en la educación están  más que en el despliegue tecnológico y potencialidad técnica, en el modelo de enseñanza en el que se apoyen, la relación estudiante-docente, en la manera de entender la enseñanza. Se trata entonces de encontrar un equilibrio entre las posibilidades que brinda la tecnología y las redes y las posibilidades que el sistema educativo puede poner en juego.
     Las bondades de una u otra modalidad de educación se están valorando en términos de cuál permite que quien se educa desarrolle el pensamiento crítico y reflexivo necesario para enfrentar los cambios en el mundo contemporáneo.
      Aunque la modalidad presencial genera espacios y motivación al estudiante, no se puede negar que la educación virtual y a distancia permite ampliar el acceso a la educación a más personas sin distinción de edad o condición económica, el estudiante de la educación virtual o a distancia no tiene presente al docente, para imitar o tomarlo de modelo, solo es el mismo, con sus experiencias personales, de trabajo, sus sentidos, busca por sí mismo la información, reflexiona, observa, aplica el método investigativo lo que le permite participar activamente en el intercambio de ideas y de conocimiento elemento que debe estar presente en esta modalidad.
     Sin embargo todavía se le da preponderancia a la formación profesional, la priorización de la memorización  sobre la reflexión y el examen como la única forma de valorar el conocimiento, lo que ha generado estudiantes y profesores con espíritu contrario al espíritu académico, pasivos,  indiferentes, desapegados a cualquier esfuerzo intelectual, carentes de capacidad de asombro, sin iniciativa y sin deseos de participar en las cuestiones académicas.
     La tecnología está y estará cada vez más presente en la vida del hombre y en sus actividades de desarrollo, el reto es estar preparado para los cambios que esto define. La educación superior deberá formar un profesional para un mundo inteligente en el cual todas las organizaciones públicas, privadas, con o sin ánimo de lucro tendrán que ser empresas dispuestas a aprender y enseñar. La educación como herramienta para el desarrollo de la cultura debe llegar a todas las comunidades para buscar alternativas que influyan positivamente en ellas. Asi pues el modelo de educación virtual propone superar las barreras de tiempo y espacio y la necesidad de una educación netamente presencial. Con este concepto la democratización de la educación deja de ser un sueño en nuestras regiones para convertirse en realidad brindada por la tecnología a las funciones de docencia, investigación y extensión dándole un valor agregado que es formarlo para lo laboral con la integración de universidad empresa.
     El siglo XXI es el siglo de las paradojas, lo cual obliga a los que estamos en el mundo globalizado a desarrollar un alto sentido de la orientación. . El valor de todo lo que ha producido la capacidad creadora del hombre depende ahora del desarrollo de su capacidad de orientación.
     No hay ninguna duda, por ejemplo, de la incidencia definitiva de la cultura de la conectividad a escala mundial que hace de las personas, ciudadanos de la aldea planetaria, con acceso a las soluciones que se ofrecen desde muy diversas perspectivas en el mundo. Esta cultura es decisiva para que una sociedad nacional, regional o local pueda ingresar a la sociedad de conocimiento y construir una estructura productiva sólida, superando toda suerte de restricciones.
LA AUTONOMIA DE LAS UNIVERSIDADES
     La autonomía es un concepto que adquiere varios significados dependiendo del contexto histórico y regional dentro del cual este la universidad. Mientras que la autonomía en algunos países significa libertad académica en la situación particular de América Latina y el Caribe significa la conquista de la sociedad ante el estado y la lucha histórica de la distribución del poder. La autonomía es en esta región un elemento nodal de la vida de las instituciones públicas de enseñanza superior.
     Hasta la movilización social y popular en Córdoba, Argentina, en 1918 no se había notado algún deseo de transformación de la realidad de la universidad, estática hasta ese momento. Se puede decir fue el inicio del movimiento por la autonomía universitaria como tal. El movimiento reformista implicó la primera confrontación entre estos sectores e hizo evidente la necesidad de crear nuevos esquemas en los cuales la universidad jerárquica, conservadora, enquistada y enclaustrada pudiera transformarse en una universidad partícipe y responsable de su contexto.
     A partir de este movimiento, se reconoció que la autonomía universitaria era un requisito indispensable para el auténtico ejercicio del quehacer universitario. Como parte de las demandas de 1918 se exigió "el reconocimiento del derecho de la comunidad universitaria a elegir sus propias autoridades, sin interferencias extrañas; la libertad de cátedra; la designación de los profesores mediante procedimientos puramente académicos que garantizaran su idoneidad; la dirección y gobierno de la institución por sus propios órganos directivos; la aprobación de planes y programas de estudio; la elaboración y aprobación del presupuesto universitario, etcétera. Incluso se llegó a recomendar la búsqueda de un mecanismo que permitiera a la universidad el autofinanciamiento con el fin de evitar presiones económicas por parte del Estado o de las otras fuentes de ingresos". Poco tiempo después, se sumó a estos puntos el principio de la inviolabilidad de los recintos universitarios. A partir de allí la autonomía dejo de ser un requerimiento meramente formal para convertirse en un anhelo y necesidad intransferible de la universidad latina y del Caribe.
      En las décadas siguientes, particularmente en los años cincuenta la universidad empezó a transformarse a raíz de la expansión de la matrícula, las nuevas demandas del mercado laboral, la multiplicación de universidades y el papel asignado a éstas como instituciones desde las cuales se debían promover los objetivos de desarrollo y crecimiento económico. En cuanto a la autonomía, en estas décadas las universidades más importantes de América Latina aceptaron mantener un vínculo de control y supervisión del Estado, por lo menos con respecto a las políticas más generales hacia la educación superior. No obstante, también hay que decir que los derechos incluidos en el concepto y en las prácticas de la autonomía pretendieron mantenerse siempre desde el sentir, el parecer y la vocación de las comunidades universitarias.
     En los ochenta  las transformaciones estructurales, sociales económicas y políticas que se impusieron en América Latina implicaron cambios en el ámbito educativo. Desde entonces la revolución científica y tecnológica hizo más accesible y poderoso al conocimiento.   Las nuevas tecnologías y su aplicación al desarrollo de la producción, las finanzas y los servicios, entre otras áreas, impusieron un ritmo vertiginoso a los asuntos humanos.  
     En este contexto, la economía mundial ha reemplazado gradualmente al capital físico por el conocimiento como principal fuente de riqueza. Ello ha implicado que la educación se consolide como una fuente estratégica de las posibilidades de un nuevo desarrollo social y económico. Las instituciones de educación superior, por su parte, se han convertido en fuerzas motoras del nuevo orden mundial en la medida en que producen y difunden conocimientos asociados a la solución de problemas nacionales, al aumento de la productividad, al bienestar social y a la equidad, por lo menos aquellas que han sabido entender los tiempos que corren y, en consecuencia, se han actualizado de manera, en ocasiones, sorprendente.

LA AUTONOMIA DE LA UNIVERSIDAD EN LA ACTUALIDAD
     La internacionalización del conocimiento, el uso de la tecnología como medio para tener acceso  a este, y la globalización son aspectos que afectan la autonomía de las universidades en América Latina sino están preparadas para manejarlos a favor de la educación superior y las sociedades. Se requiere asumir el cambio generado por la globalización sin convertir a las instituciones de educación superior en meros apéndices instrumentales de los criterios económicos en boga. La inserción de la universidad en el contexto actual debe regirse por un orden de prioridades propias, vinculadas a las necesidades de la comunidad a la cual pertenece. En ese sentido, la autonomía implica hoy más que nunca estar presentes en el ámbito nacional e internacional para poder defender desde estos escenarios interculturales los intereses y valores de nuestros países.
     América Latina y el Caribe tienen en sus universidades la mejor garantía para tener acceso a la revolución científica y tecnológica sin hipotecar su propio futuro. En nuestros países no parece haber otra ruta, salvo que se quiera sustituida por la burda imitación o la compra ingenua de tecnologías producidas en otras geografías.
     Los retos del mundo contemporáneo son muchos  la autonomía de las universidades se sostendrá en la medida en que estas sorteen el equilibrio entre apertura y la identidad.
     El desafío está en gestionar la cooperación entre instituciones y sectores sin abandonar el carácter de libertad que debe envolver su quehacer académico y a su ejercicio basado en las nociones de transparencia y responsabilidad social.

     El concepto de autonomía de la universidad debe entonces re significarse para afirmarse y dinamizarse. La universidad debe confirmar su presencia en la sociedad para llegar a ser la base donde se articulen el desarrollo económico, social, cultural y político.

martes, 10 de septiembre de 2013

INCLUSION EN LAS ESCUELAS O EL ARTE DE CREAR ESPACIOS EDUCATIVOS MÁS FELICES



En Colombia y en el mundo la educación toma cada día mayor relevancia, se determina en el mundo actual a la educación como ese espacio de convergencia entre el saber hacer y el saber  ser, es decir la educación como la “nutrición” de la persona humana. De acuerdo con lo anterior es pertinente que nos interroguemos sobre la forma de concebir a la escuela hoy, a partir, de las siguientes preguntas concretas: ¿Cómo hemos vivenciado la escuela a través de la historia para desarrollar un concepto actual de educación? ¿Concebimos a la escuela como un espacio real de diversión y disfrute que le permita a sus actores ejercer la función social humana de educara y formar? No es difícil entender que en los conceptos erráticos de la educación la sicorrigidez de la escuela había establecido el éxito en el aprendizaje dejando de lado la dimensión humana, que es en ultimo lo que dignifica al ser, haciendo sesgos a los afectos, sentimientos y emociones que definen en algunas situaciones especificas el verdadero significado de formar desde y para la integralidad del ser como única posibilidad de rescate y reivindicación del hombre como ser histórico, social y trascendente, se establecía un único patrón de educación y esto pese a los intentos desesperados de los pedagogos, sicólogos y demás estudiosos del tema no se ha transformado del todo y aún contamos con escuelas que presentan actividades totalmente obsoletas y que rayan en la medievalidad en lo que compete a su misión, pues se considera descabellado que la educación genere placer y mucho menos felicidad para el educando; con respuestas como: porque lo digo yo, ya yo estudie, no pregunte, limítese a saber que esto es lo que se ve en este grado, y otras mantenemos a los estudiantes llenos de temores y de frustraciones frente a lo que debe ser el proceso educativo; después de ser una maestra castradora y después de ser una maestra en evolución pedagógica constante decido pasar a ser coordinadora y desde la perspectiva de quien observa el proceso que realiza otro llego a la conclusión que EL FIN ULTIMO DE LA EDUCACION ES SER FELICES, porque en definitiva solo quien alcanza a entender que educándose puede alcanzar sus metas personales más rápidamente logrará ser feliz, la felicidad entendida como la autorrealización personal y social. Pero… ¿es importante entonces educarse o ser feliz?, menciono nuevamente desde la perspectiva de la coordinación es importante señalar que los paradigmas actuales no han roto los esquemas de antaño, antes por el contrario nos enfrentamos a maestros cuya práctica se ha enriquecido por una serie de actividades, mal llamadas talleres, que evitan las explicaciones siempre oportunas del maestro, y le implican al educando una instrucción a medias plagada de acertijos, cuestionarios, sudokus, crucigramas y demás artilugios que enmascaran los procesos inconclusos y poco pertinentes para lograr una verdadera educación de calidad; aquí debo referirme a calidad como ese término que arropa, que abarca los procesos que no solo llenan de conocimiento sino que me indican porque son especiales y necesarios esos conocimientos y porque debo incorporarlos a mi cotidianidad…pero no todos y todas estamos en capacidad ni de enseñar de la misma manera ni de aprender de la misma manera, entonces surge entre muchos conceptos LA ESCUELA INCLUSIVA no solo inclusiva para el estudiante sino para el maestro cuyas practicas educativas se alejan de lo “normal” y se encuadran en la diversidad de técnicas, elementos y de sentimientos para lograr un resultado más eficaz y eficiente. Definamos entonces que la escuela debe ser inclusiva en todos sus estamentos, pero inclusiva no quiere decir permisiva quiere decir innovadora, recuperadora del talento humano y tener un carácter diferenciador frente a otras escuelas, inclusiva es entonces aquella escuela que determina dentro de sus derroteros entregar unos espacios educativos integradores, propicios para la reeducación y por ende para la resiliencia; donde la lúdica, el conocimiento y las emociones encuentran una caldo de cultivo para el avance de los educandos.
Sé que no existen recetas mágicas, y que, además, cada profesional trabaja en unas condiciones particulares difíciles de generalizar, pero, al mismo tiempo, estoy convencida de que al mirar el camino recorrido por otros podemos ilustrar el modo en que es posible mejorar la práctica profesional. Esto puede ser de gran ayuda si pretendemos analizar nuestra realidad intentando progresar en nuestra capacidad de autorreflexión y de asunción de los nuevos retos, ya que, como explica Santos Guerra:

“Las circunstancias no son las mismas, el contexto no es el mismo, los niños y jóvenes no son como nosotros éramos en los años en que asistíamos a la escuela. Entregarse a la rutina es condenarse al fracaso. Por eso es necesario que la escuela sea una institución que aprende, no sólo una institución que enseña” (Santos Guerra, 2000, 79). Por tanto una escuela que cuenta con maestros coherentes, que encuentran a través de su práctica pedagógica la convergencia entre el pensar y el actuar dentro del aula, una escuela que va mas allá de los registros de calificaciones y los documentos para entrega oficial, es quizás una escuela que se aparta de la forma clásica de abordar el currículo convirtiéndolo en un currículo mas aterrizado a las necesidades institucionales, llevando a cabo así una mayor entrega en el servicio y una mayor calidad en su prestación. Esto supone sin lugar a dudas un crecimiento personal, profesional e institucional palpable que por ende debe reflejarse no en lo cuantificable de los educandos sino justamente en lo incuantificable: la mejora del ser y la felicidad misma del educando, en espacios productivos de conocimiento y no de resultados exhibibles frente a estadísticas locales y nacionales, eso vendrá por añadidura.
Desde la óptica de la coordinación replanteo y concluyo, en la importancia que tiene para ser inclusivos, la practica pedagógica general basada en el reconocimiento del valor del respeto y del amor para con los docentes y los educandos, toda vez que los docentes encuentran espacios de desarrollo profesional cálidos son capaces de entregar espacios de aprendizajes igualmente cálidos, con replanteamientos divertidos de su práctica pedagógica, donde el libro de texto deja de ser el espejismo del protagónico en la clase para empezar a ser un instrumento más de construcción de conocimiento y quizás el menos utilizado. Desde esta misma óptica tenemos entonces que la inclusión se puede tomar no solo para los educandos con discapacidades físicas notorias tales como ceguera, sordera, limitaciones motoras, sino como aquel espacio en que los educandos con necesidades especiales de adaptabilidad, afectividad, capacidad de aprendizaje entre otras encuentran el punto de apoyo que les permitirá llegar a la felicidad, es decir a la resiliencia y por ende a la educación. ¿Es, entonces, necesario planificar doble? ¿Diseñar doble? ¿Evaluar doble?   O, ¿es necesario diseñar estrategias integradoras? Si la planificación se va construyendo poco a poco, a medida que se conocen las capacidades de nuestros alumnos y se observa cómo estos responden a las tareas propuestas, se abre la posibilidad de construir, ya desde el inicio, una planificación flexible y accesible a todo el alumnado, tal y como recomiendan en estos momentos los autores que trabajan en la línea del Diseño para Todos o Diseño Universal de Aprendizaje (Wehmeyer, Lance y Bashinski, 2002; Ruiz i Bel, 2006; Verdugo y Rodríguez, 2008).
Se trata de diseñar actividades y materiales instructivos que permitan que los objetivos de aprendizaje estén al alcance de alumnos que tienen entre sí amplias diferencias en sus habilidades para ver, escuchar, hablar, moverse, leer, escribir, entender, atender, organizarse, recordar e implicarse en el aula (Orkwis y McLane, 1998, 9). Esto se consigue, en opinión de Wehmeyer, Lance y Bashinski (2002) mediante el uso de:

1)     Múltiples propuestas de representación –o de presentación– de la información al alumnado.

2)     Múltiples propuestas de expresión del alumnado, de modo que el currículo se acomode a las diferentes estrategias cognitivas, a los diferentes sistemas de control motor de los alumnos, etc.

3)     Múltiples propuestas de implicación del alumnado.


Se trata de planificar los aprendizajes pensando en nuestros alumnos, de manera que disminuya la necesidad de utilizar actividades diferentes. Tratando de dar respuestas a interrogantes comunes:

·         Uso del tiempo en el aula: ¿cómo se distribuye el tiempo en el aula?, ¿a qué dedica el tiempo el profesor?, ¿a qué dedican el tiempo los alumnos?, ¿a qué dedican el tiempo los alumnos con necesidades educativas especiales?, ¿cuánto tiempo se dedica a la corrección? …
·         Tareas básicas del aula: ¿qué actividades se trabajan más en clase?, ¿por qué?, ¿todos los alumnos trabajan un mismo tipo de actividades?....
Se trata entonces de concebir actividades curriculares, extracurriculares y proyectos más proactivos, que atiendan a la satisfacción de cuestionamientos lógicos que permiten evidenciar cuanto se ha avanzado en los procesos educativos dentro del plantel; se trata entonces de llevar de la mano el pensamiento formal de educación con el pensamiento divergente de la actividad que recrea y que transforma la actividad escolar.

Pero también se trata de concebir la convivencia en el ambiente escolar pensando en nuestros alumnos como menos reglas pensadas por los adultos y que castran la creatividad de los educandos pero con reglas puntuales que, al ser consensuadas, permiten un mejor ambiente dándole al estudiantado la capacidad de desarrollar su personalidad pero de adaptarse a las situaciones, contextos y  por consiguiente estableciendo semejanzas y diferencia de lo que se requiere de cada uno según lo que se está realizando. Por ejemplo hay que dejar de concebir que solo un aula donde los niños y las niñas están sentados, callados y escribiendo es un aula donde se está construyendo pedagógicamente hablando, puesto que podemos estar frente a un maestro castrador y no frente a un modelo de enseñanza eficaz, mientras que si consideramos que muchos elementos y actividades pueden entre mezclarse para desarrollar una actividad pedagógica eficaz entenderemos que un aula donde se está en aparente desorganización se está desarrollando construcción de saberes, para esto debe saber establecerse cuando se está frente a una actividad planificada y cuando se está frente a la falta de motivación de los educandos y la falta de autoridad de los docentes. Esto me hace concluir que una escuela que se concibe a sí misma como inclusiva debe entonces estar realmente involucrado todo el personal que allí labora, una escuela que se concibe a sí misma como inclusiva debe estar dispuesta a desafiar los paradigmas de la normalidad y la formalidad y entregar un currículo mas flexibilizado atendiente a la satisfacción de las necesidades de sus educandos.

¿Es entonces la inclusión escolar el camino más acertado para alcanzar mejores resultados de orden académico o es el camino para acercar a los niños, niñas y jóvenes hacia una adaptabilidad social y una productividad que conlleve al desarrollo de su propio entorno? Es a fin de reconocer su importancia, la inclusión el proceso mediante el cual los agentes educativos tomamos, casi literalmente a los educandos y los reencauzamos hacia el camino de la academia y la integración social, no es necesario pensar en inclusión solo cuando estamos frente a casos específicos de discapacidad sino cuando estamos frente a casos de deserción escolar severo, deprivación sicoafectiva, violencia de género y otras manifestaciones de desadaptación social; es interesante replantear los espacios escolares entonces como espacios de concertación y disertación, espacios de construcción no solo pedagógica sino social. Es entonces cuando nos decidimos a romper los paradigmas tradicionales de educación que encaja el concepto de inclusión en las escuelas puesto que de allí empezamos a visualizar que todos y todas tienen un espacio inviolable en el ámbito educativo y que la enseñanza no se plantea como una actividad del maestro sino como una actividad del colectivo educativo donde la innovación, el fortalecimiento social, la creatividad y  la flexibilización asumen papeles protagónicos, sin rayar en la permisividad y la improvisación curricular y sin convertirse la escuela en lo que yo denomino un aeropuerto escolar donde todo llega, todo aterriza sino convirtiéndose esta, la inclusión, en un factor diferenciador, integrador  y de calidad.

Es entonces la escuela un espacio donde se aprende a construir la felicidad, desde unas aulas cuyos ambientes de desarrollo académico están enmarcados por actividades enriquecedoras de aplicación a todo tipo de población, generando gusto por la educación y placer por la enseñanza.   







sábado, 7 de septiembre de 2013

Esta es una propuesta de reflexión para todo aquel que ha decidido por vocación o porque la vida misma les ha guiado hasta allí: SER MAESTROS.
Las actividades actuales de la sociedad y los itinerarios que los padres le hemos impuesto a los chicos de hoy ejercen una influencia enorme frente a la dinámica de los aprendizajes;por consiguiente los maestros no podemos ser simplemente transmisores de conocimiento...no podemos seguir creyendo que somos poseedores de la verdad y del conocimiento antes por el contrario reconocernos como agentes de liderazgo de nuevas generaciones para acompañarlos en el proceso de redescubrir y redescubrirse en los aprendizajes. Por tanto los maestros de tablero(pizarra o pizarrín), borrador y rotulador,marcador que han venido a reemplazar a la tiza,están completamente en desuso...son lo que yo determino DINOSAURIOS EDUCATIVOS. Rompamos los paradigmas.

martes, 3 de septiembre de 2013

No basta con prepararnos en una escuela o universidad, tener vocación o deseos la profesión docente exige cada vez más que desarrollemos unas competencias que impulsen no solo nuestro sentido de vida sino el de los niños, niñas y jóvenes que pasan por nuestras manos. Es importante ser pero también trascender ¿eres tu un maestro que trasciende en la vida de sus estudiantes?